Las emociones y la alimentación son parte de la cultura de la dieta y su relación se experimenta con frecuencia en la cotidianidad. Si alguna vez has sentido culpabilidad, ansiedad o rechazo luego de consumir alimentos que son “malos”, entonces lo has comprobado.

La comida no sólo tiene un valor para la salud, también puede poseerlo en un sentido emocional y social. Es por ello que existen conductas peligrosas y poco saludables que impiden llevar una alimentación sana y balanceada. Dichas conductas nacen de lo que es conocido como cultura de la dieta.

¿Qué es la cultura de la dieta?

La cultura de la dieta son los pensamientos, regulados por emociones y percepciones, que se vinculan a los alimentos y la estética del cuerpo.

Pensar que los carbohidratos y grasas son malos y se deben evadir por completo dentro de la alimentación diaria o que un cuerpo delgado es sano por el mero hecho de ser contrario a uno obeso, son algunos ejemplos de la cultura de la dieta.

Cuando ciertos alimentos se colocan dentro de lo que se considera “malo”, las emociones que se experimentan cuando se consumen pueden ser la tristeza, enojo, culpabilidad, frustración, entre otras. Esto motiva a relaciones y conductas conflictivas con la comida y el hambre.

La cultura de la dieta se encuentra en el día a día de forma desapercibida: en la publicidad, en nuestras decisiones sobre qué comer y en la percepción de lo que es una “dieta sana”.

Se trata de un sistema de creencias que motiva a pensar que una vida equilibrada y alegre se basa en consumir “alimentos permitidos” (comúnmente con niveles bajos en calorías). Además de mantener la delgadez, incluso con prácticas insanas, como la restricción de comida y el constante agobio por ello.

¿Por qué la cultura de la dieta no permite llevar una vida sana?

La cultura de la dieta concentra todos los problemas de salud en la apariencia del cuerpo y en las etiquetas morales sobre los alimentos, lo que promueve actos peligrosos como:

  • Asumir que por el hecho de ser delgado no hay posibilidad de desarrollar enfermedades.
  • Descartar los requerimientos nutricionales que necesita, de manera individual, el cuerpo (debido a la creencia de que determinados alimentos deben ser eliminados en la alimentación diaria).
  • Ignorar las visitas con profesionales de la salud.
  • Desarrollar ansiedad por la comida, así como trastornos de conducta alimentaria (TCA).
  • Problemas emocionales vinculados con la autoestima.
  • Practicar dietas sin supervisión de un profesional de la nutrición.

La salud física, así como la mental, son parte de una vida sana. Evitar excesos, practicar la actividad física y atender las emociones forman parte de ella. No olvides que cada cuerpo es distinto y, por lo tanto, requiere de una revisión individual elaborada por un profesional.

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Escrito por:Mimisqui de Loft Media LATAM

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