Dicen que en ocasiones debemos tener mucho cuidado con lo que decimos. Y es que cuando bromeamos, o bien, deseamos impresionar a alguien, solemos jugar con palabras relacionadas con problemas de salud como cólera, ataques cardíacos, cáncer y alguna que otra enfermedad mental.

Hoy en día, es común que cuando alguien cambia repentinamente de una actitud o comportamiento se les etiquete (o nos auto-etiquetemos) como una persona bipolar. Inclusive no faltan los comentarios misóginos afirmando que las mujeres son bipolares por naturaleza. Sin embargo, esta enfermedad es mucho más severa de lo que parece.

De acuerdo a cifras de la Organización Mundial de la Salud, 60 millones de personas en el mundo padecen bipolaridad.

¿Qué es la bipolaridad?

Conocida también como enfermedad maníaco-depresiva, la bipolaridad es un trastorno que se presenta en el cerebro, provocando que las personas que lo padecen presenten cambios inusuales y repentinos de estado de ánimo, de actitudes y comportamientos. Se manifiesta principalmente en dos tipos de episodios:

Episodio maníaco. Un alto grado de felicidad, con mucha más energía y actividad de lo normal.

Episodio depresivo. Lo opuesto, es decir, altos grados de tristeza y estrés, con poca energía y pocas ganas de hacer actividades.

Actualmente se desconocen las causas de esta enfermedad, sin embargo, se ha visto que existe una alta relación con parientes cercanos que padecen depresión, lo que lleva a pensar en la probabilidad de que haya factores genéticos involucrados en el desarrollo de la bipolaridad. Por otro lado, también se considera que se debe a un desequilibrio químico (irregularidad en la producción de hormonas y problemas con los neurotransmisores).

¿Por qué debe ser tomada en serio?

¡Evita confundirte! Padecer bipolaridad no es lo mismo a pasar por una mala racha o enfrentarse a algún altibajo emocional. Quienes lo padecen no pueden controlar sus actitudes. Es decir, que si te pones triste después de haber terminado una relación y al día siguiente estás en la fiesta como si nada, no califica como bipolaridad.

Al tratarse de un trastorno mental, puede repercutir significativamente en las relaciones laborales y en el hogar, así mismo, provoca una baja calidad de vida y bajo bienestar emocional. Inclusive, en casos más graves, ha llevado al suicidio a quienes lo padecen.

Por ello, existen ciertos síntomas característicos de este trastorno mental que ayudan a diferenciarlo de otros:

  • Alternancia espontánea de episodios maníacos y depresivos
  • Pensamientos poco reales (conspiraciones, por ejemplo)
  • Impulsividad
  • Insomnio
  • Irritabilidad extrema
  • Conductas agresivas

También es importante destacar que aunque la bipolaridad no tiene cura, sí cuenta con tratamientos que ayudan a mejorar la calidad de vida, los cuales incluyen la toma de medicamentos y psicoterapia.

Como pudiste observar, el trastorno bipolar va mucho más allá de un simple cambio de ánimo. Así que si dices sueles decir frases como “es que soy muy bipolar” o “todas las mujeres son unas bipolares”, quizá ahora quieras pensarlo dos veces.

Escrito por:Mimisqui de Loft Media LATAM

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